EL AUTOR Y EL INTÉRPRETE. Le Corbusier y Amancio Williams en la casa Curutchet

DANIEL MERRO JOHNSTON
EL AUTOR Y EL INTÉRPRETE. LE CORBUSIER Y AMANCIO WILLIAMS EN LA CASA CURUTCHET
1:100 EDICIONES. Buenos Aires, 2011.
No hace mucho tiempo pudimos ver en la pantalla la película El hombre de al lado (Argentina, 2009) filmada en la Casa del Doctor Pedro Curutchet en Buenos Aires. También era su principal protagonista, pues el argumento gira alrededor de su inmarcesible presencia. La cámara de Mariano Cohn y Gastón Duprat nos muestran una sugestiva narración de la promenade architectural, sus atractivos espacios interiores, los juegos de luces y sombras otorgados por su brise-soleil y, también, su fragilidad ante las actuaciones poco respetuosas. Hace poco más de 14 años asistimos al nacimiento de una espléndida monografía realizada por Alejandro Lapunzina, Le Corbusier’s Maison Curutchet, que desgranaba minuciosamente el desarrollo del proyecto y construcción. Ahora tenemos la ocasión de revisitar esta casa y conocer las peripecias que ha sufrido gracias a este nuevo libro de Daniel Merro Johnston. Es una muestra del error de todos aquellos que piensan que sobre Le Corbusier está todo dicho, pues una vez más disfrutamos de un nuevo texto que abunda sobre su obra y personalidad y contribuye a un mejor conocimiento crítico.
El origen de esta publicación es la tesis doctoral dirigida por los profesores José Morales y Carmen Espegel y defendida en la Escuela de Arquitectura de Madrid en mayo de 2009. Su título, El autor y el intérprete, nos da pistas sobre un nuevo y sugerente argumento bien distinto del libro precedente: la relación entre el autor del proyecto, Le Corbusier, y su intérprete, Amancio Williams, así como la compleja personalidad del Dr. Curutchet y su intervención durante todo este proceso.
Con estos personajes Daniel Merro reconstruye el problema hermenéutico de la relación entre autor e intérprete, en una traslación a la arquitectura del trabajo que Paul Ricoeur realiza en Tiempo y Narración y La Metáfora viva en relación con La Poética de Aristóteles. Un sólido conocimiento y una hábil transcripción de sus ideas filosóficas han permitido realizar esta empresa con suficientes garantías y solvencia sobrada. Así, Daniel ha sabido recomponer las vicisitudes que mediaron entre la gestación del proyecto, la presencia del cliente y la recepción por parte del intérprete, Amancio Williams, y las alteraciones que, además, se produjeron con la entrada en escena de un postrero personaje, Simón Ungar, que dirigió las obras desde octubre de 1951.
El texto está estructurado en cinco capítulos. En el primero se nos introduce en el trasunto del libro: la actuación de los intérpretes es tan transcendente como la de los autores en el momento de dar sentido a las obras de arquitectura. La justificación del método seguido en esta investigación a partir de los escritos de Ricoeur resulta pertinente. Por otro lado, la presencia de Le Corbusier en Argentina en 1929 establece un importante primer marco de referencia y permite precisar cómo se produjo la recepción de la modernidad en Sudamérica y el alcance de su difusión.
El segundo atiende a los autores, sus relaciones epistolares y su estructura profesional, con el objeto de conocer como se acomete la redacción de los sucesivos proyectos, ligada también a la idiosincrasia y modus operandi de cada uno de ellos.
El tercer capítulo está dedicado al proyecto redactado por Le Corbusier, en el que se desengranan sus antecedentes, insertando la Casa del Dr Curutchet en una genealogía que permite entender las diferentes tentativas que se sucedieron en el momento de su concepción. Para ello estudia croquis tras croquis para descubrir las estrategias y tácticas que va siguiendo Le Corbusier, incluyendo a los colaboradores encargados del proyecto -nuevamente tendríamos el problema de la autoría- hasta su definitiva formulación. Así mismo, se ofrece un profundo análisis de sus estructuras espacial y geométrica, sus circulaciones y el sistema constructivo propuesto, confrontado con el sistema plástico y métrico de Le Corbusier, los cinco puntos de la arquitectura, la promenade architectural, los trazados reguladores o la preeminencia del plan como generador del proyecto.
El cuarto apartado se dedica a su primer intérprete, Amancio Williams, atendiendo a su particular análisis sobre el proyecto redactado por su admirado maestro. Daniel Merro, con singular agudeza va reconociendo como se va aproximando a los planos de Le Corbusier –que redibuja para conocer y descifrar la organización del espacio y las intenciones del autor- y en qué medida recompone nuevamente el proyecto, casi como una transcripción similar a las que Brahms hizo sobre las partituras de Haydn, Schumann o Paganini. Daniel se detiene en esta composición-recomposición que no es inocente, pues precisamente, en el intercambio de planos entre ambos estudios parecen permutarse los papeles entre autor e intérprete en un proceso realmente creativo.
Un anexo documental constituye su último capítulo, en donde se dan cita los principales planos originales del Atelier de Le Corbusier, con sus sucesivas correcciones; los correspondientes a la interpretación creativa de Amancio Williams; y los que recogen la ejecución final por Ungar. Redibujados cuidadosamente por Daniel Merro, junto a sus propios dibujos interpretativos y maquetas, permiten comprender las distintas intenciones que subyacían en cada uno de los agentes intervinientes y cotejar los argumentos del texto. A este respecto, es muy de agradecer la pulcra impresión de todos estos documentos y el esmero mostrado por 1:100 Ediciones en la publicación del libro.
Pero más que proponernos la historia de esta contienda por llevar a término un proyecto entre acuerdos y desavenencias, entre éxitos y fracasos de sus distintos actores; más allá de hacer un aséptico discurso sobre los principios plásticos de Le Corbusier y su presencia en esta casa; o incluso, relatarnos la justeza de las  correcciones que Amancio Williams introduce en sus dibujos y su materialización; Daniel Merro es su último intérprete y, así, proyecta para nosotros, una vez más, la Casa del Doctor Curutchet. Nos muestra así la complejidad de todo un proceso vivo desde los primeros croquis hasta su transformación en el tiempo. Este es, a mi juicio, su último y más valioso legado.
Jorge Torres Cueco
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